Macroeconomics

El espacio de la agricultura en la globalización.

Acompaña a la interpretación del espacio de la agricultura en la globalización un panorama desalentador por parte de los estudiosos de la globalización. Importantes autores han señalado la inexorabilidad del proceso histórico que recorre la globalización. Jordi Borja -quizá por su preferencia epistémica hacia el tema urbano- y Manuel Castells cierran ideas certeras sobre el destino de la humanidad, afirmando que su destino “se juega en las áreas urbanas y, sobre todo, en las grandes metrópolis”[1]. A su vez abren discusiones con frases como “la humanidad se encamina hacia un mundo de urbanización generalizada”[2]. Así mismo en los estudios de geógrafos las áreas rurales aparecen como espacios dominados bajo presiones y decisiones de espacios dominantes: las ciudades. Más aún, la caracterización de la geografía de la globalización indica que las regiones que ganan son regiones urbanas[3]. Otros ofrecen explicaciones de la preferencia del proceso de mundialización por las ciudades sobre los espacios rurales a partir de la infraestructura, la oferta de servicios financieros, educativos, etc., mano de obra calificada, entre otros factores[4].

Sin embargo, el único gran cambio que ha dado a la humanidad su carácter especial entre los seres vivos ha sido la agricultura. Una revolución agrícola efectuada entre los años 10.000 y 4.000 antes de Cristo, cristalizó la vida sedentaria del humano. De allí devino la ciudad. La ciudad ha dependido desde ese momento de los cambios en la relación del hombre con la tierra. La transición de la caza y la recolección de alimentos hacia la producción sistemática mediante la siembra de granos y vegetales y la domesticación de animales, marcó el inicio de las sucesivas civilizaciones y periodos en la historia. En definitiva, la relación del hombre con la agricultura es el gran mito fundacional de la vida en sociedad del ser humano. Este ensayo procura detenerse en ese pequeño pero trascendente aspecto de la humanidad, que en la actualidad, dada la emergencia del nuevo paradigma societal, queda empañado y definido como atrasado, cuando en realidad es la vanguardia de los cambios estructurales de la humanidad.

La revolución agrícola resultaría un argumento fuerte para sostener la importancia del sector rural para la humanidad y sus procesos históricos, pero ello no pasaría de ser un recurso retórico de no ser por los desarrollos del capitalismo en la modernidad. El propósito central del ensayo es situar la discusión de la problemática rural en una perspectiva histórica amplia inmersa en el capitalismo. De esa manera lo rural no será visto aquí dentro de la lógica del desarrollo y el progreso que asume lo rural como atrasado y lo industrial y los servicios como adelantados. Más bien este ensayo articula de forma complementaria lo rural a los procesos de mundialización del capital, de generación de conocimientos e innovaciones, de mutaciones institucionales, y en general los procesos de cambios estructural dados por el proceso de globalización.

Situar el problema rural y la agricultura en relación a los desarrollos del capitalismo en la modernidad permite no solo especificar su roll estratégico en la globalización, sino también identificar su devenir histórico que explica el espacio dado al mismo dentro de la civilización occidental en su proceso de integración internacional. En ese sentido el desarrollo de la agricultura en el capitalismo revela tres periodos generales y ocho variables socioeconómicas fundamentalmente occidentales; 1. campesino, 2. comercio, 3. estado, 4. capital, 5. propiedad privada, 6. hambre / pobreza, 7.violencia, 8. tierra. Las miraremos una a una a través de tres periodos para analizar su contribución gradual al estatuto del espacio rural y agrario en la globalización.

La primera parte este ensayo aborda el espacio de lo rural en los inicios del capitalismo. Posteriormente esboza una explicación en las transformaciones internas del capitalismo hacia un modelo de intervención estatal en la economía propia del estado de bienestar y del ISI en el caso latinoamericano, proceso que resulta en la Revolución Verde. Como tercer punto el análisis avanza hacia la definición de la nueva economía de la globalización y sitúa la agricultura en el espacio de la sociedad informacional y los avances tecnológicos. Finalmente explica la nueva ruralidad esbozada por Rocío Silva Perez, demostrando que esa nueva ruralidad multifuncional de la globalización es el resultado de los procesos históricos explicados en las tres primeras partes.

Lo rural en el inicio del desarrollo capitalista: siglos XVII a XIX.

Las transformaciones en la estructura de la tierra han sido definitivas del proceso histórico capitalista. Incluso su origen se sitúa en los cerramientos de tierras colectivas y comunales en Inglaterra o enclosures. El sentido de la tierra cambia cuando a partir de 1580 aproximadamente se da en Inglaterra un boom en el mercado de la tierra no conocido antes. Las tierras comunales, que en el régimen feudal servían a intereses varios y eran de libre acceso, comienzan a ser privatizadas para incrementar la producción de lana y los arriendos entre otros[5]. Con la lana inicia el periodo de la temprana revolución industrial. La introducción del telar en la ciudad y la demanda de materias primas presionan la espontánea y violenta instauración de cerramientos o enclosures.Estas prácticas fueron adelantadas entre los siglos XVI y XVIII por parte de una elite aristocrática rural y en muchas ocasiones campesinos de menos jerarquía social. Fundamentalmente desde el sector privado. “La clave de la situación inglesa es que la vida comercial, lo mismo en la ciudad que en campo, durante los siglos XVI y XVII se desarrolló en gran parte, aunque no enteramente, en oposición a la Corona”[6]. El estado absolutista de la época presionó la conservación del statu quo. Su legislación estaba orientada a mantener altos subsidios a la permanencia en el campo frente a la obligación y la tentación de migrar la ciudad. Lo que condujo a la indigencia del mismo campesino. La legislación Speenhamland interfería por parte del Rey los derechos de propiedad de los señores rurales y los radicales de capas bajas[7]. Solamente con una oposición radical se solucionó el problema. La rebelión y la guerra civil limpiaron el camino para el ensanchamiento y la racionalización de los espacios rurales: Carlos I de Inglaterra es decapitado.

Sin embargo cabe destacar que la presión creada en el desmoronamiento de la sociedad feudal anterior al capitalismo, no se da en términos endógenos en las áreas rurales. Lo que se puede apreciar en el proceso es la simbiosis profunda de la relación campo-ciudad. En esa relación aparecen los que median entre los dos espacios tradicionalmente opuestos: los comerciantes. Son esos últimos los encargados crear una conexión que presionará y agudizará los conflictos en el cambio de la estructura. La consolidación de espacios urbanos construyó los mercados para los productos agrícolas, y es esta necesidad la que presiona el movimiento violento de los cerramientos.

No se trata de un comercio local exitoso. La particularidad de estos procesos de cambio se encuentra en que son economías externas las que desarrollan el capitalismo. El origen del capital es en gran parte exterior, incluso al punto de lo que señala Carlos Marx como acumulación primitiva que tiene origen en el régimen colonial. La primera integración facilitada por los adelantos técnicos en navegación “proporcionó mercados á las nacientes manufacturas, cuya facilidad de acumulación se duplicó merced al monopolio del mercado en las colonias”[8]. Más específicamente, el caso de Inglaterra está marcado por las conexiones comerciales establecidas con la región de la actual Holanda y los Países bajos.

El análisis de Karl Polanyí es revelador en ese sentido. Él afirma que “la enseñanza ortodoxa partía de la propensión del individuo al trueque, de donde se deducía la necesidad de mercados locales, así como la división del trabajo. De todo ello se concluía la necesidad del comercio, hasta llegar al comercio exterior del que forma parte el comercio a larga distancia. Pero sí tenemos en cuenta las investigaciones actuales nos veremos obligados a invertir el orden del razonamiento: el verdadero punto de partida es le comercio a larga distancia, resultado de la localización geográfica de los bienes y de la división del trabajo nacida de esta localización”[9]. Además de demostrar que el comercio de mercancías como el trabajo, la tierra y el dinero son ficticias, Polanyí acentúa esa transformación que construye la sociedad del siglo XIX -en sus palabras- en el importante influjo del comercio trasnacional. Y esta es una constante que acompaña en la actualidad el proceso de globalización.

Sí se tiene en cuenta la lógica de desarrollo expuesta por Polanyí es posible articular a este análisis los ciclos históricos de dominación del comercio internacional. Ello evidencia que de todas maneras que las repercusiones locales del proceso de mundialización de la economía está marcado por el ascenso de la economía inglesa al dominio de los mares y el comercio. Según Peter Taylor, en los ciclos largos de la política global se inscriben cinco grandes periodos, comenzando en el siglo XV con Portugal, XVI los Países Bajos, XVII y XVIII-XIX Gran Bretaña y XX EE.UU. Los ciclos se caracterizan por involucrar tres constantes históricas: la capacidad material, las ideas y las instituciones. En el primer ciclo, el de Portugal la institución clave es le Tratado de Tordecillas; los Países Bajos en el XVI legitiman el Mare liberum; los dos siglos de Gran Bretaña son sobre el dominio del mar y el libre comercio; y finalmente el siglo XX bajo el dominio de EE.UU. y la Unión Soviética[10].

En consecuencia tenemos que en sus orígenes el capitalismo -que hoy reclamamos global- mantiene ciertas características y similitudes con el periodo actual. Las consecuencias del libre comercio y del paradigma del mare liberum, instituido desde el siglo XVII por los Países Bajos, son las transformaciones del espacio rural ingles explicadas al inicio. Esa transformación a su vez hará de Inglaterra la cuna del capitalismo y el liberalismo económico, construyendo la sociedad decimonónica sobre el dominio de Gran Bretaña sobre el Mar y el libre comercio.

Por su parte el papel jugado por el Estado absolutista evidenció ante estos cambios su crisis y derrumbamiento. Para el caso ingles la dinastía Tudor se dedicó a la protección del campesinado ante el embate de las transformaciones que trajo consigo el comercio internacional y la industrialización. Esa protección le costó enemistades con el sector de la elite rural, vanguardia del enclosure. La concepción de Estado absolutista se tornó anacrónica ante los cambios y el desenlace fue la guerra civil y la cabeza de Carlos I de Inglaterra. Algo similar parece ocurrir hoy con el estado nacional el cual pierde relevancia y se muestra contradictorio a los intereses privados altamente localizados en ciudades región.

La protección del estado al campesino, mediante las leyes Speenhamland, solo evidencia la precaria situación a la que se vieron enfrentados los pequeños campesinos que se negaron a asumir los retos de las transformaciones que les impuso el capitalismo. Su precarización, desplazamiento, desempleo, pero sobre todo su no lugar en el espacio rural marcó su destino hasta nuestros días, en los que persiste el deterioro de su condición socioeconómica.

El proceso de transformación aludido encuentra asidero en la lógica marxista del materialismo histórico. El comercio internacional modifica las estructuras agrarias y sociales internas de Inglaterra. Caen las relaciones feudales de señor/vasallo/tierra y asciende el capitalismo con sus relaciones capitalista/proletario/propiedad privada. Ello le vale a Marx para afirmar que “ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas de productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua”[11]. Esa es una importante observación de los cambios sucedidos hasta el momento en Europa. Con lo que no contaba Marx es con lo que señaló Schumpeter acerca de la capacidad del capitalismo de reciclarse a sí mismo. El proceso de destrucción creadora específica la dinámica que posee el capitalismo de cambio y transformación de sus estructuras económico-sociales dentro de sus propios parámetros. En este sentido Schumpeter expresa que la especificidad del capitalismo radica en una capacidad constante de transformación e innovación de “bienes de consumo, de nueva métodos de producción y transporte, de nuevos mercados, de nuevas formas de organización industrial que crea la empresa capitalista”[12].

La observación de Schumpeter le sirve a Erik Hobsbawm para describir la tesis de la crisis de Inglaterra desde 1873. Desde ese momento la sociedad del siglo XIX de Polanyí comienza a decaer, o más bien a transformarse en los términos que señala Schumpeter. Las nuevas transformaciones de bienes de consumo, métodos de producción, transporte y nuevos mercados que crea la empresa capitalista dan origen a la segunda revolución industrial. Esa segunda revolución agrega al panorama del capitalismo el ascenso de naciones como EE.UU, Alemania y Rusia que avanzan fuertemente en su desarrollo[13]. El orden internacional es alterado por las nuevas potencias. El ascenso de la Unión Soviética y la crisis de los años treinta configuraran un nuevo orden mundial centrado en la acción del Estado nacional. Ello se reflejará en un relativo auge del sector agrícola y rural propiciado por políticas oficiales de apoyo al sector.

Lo rural en la crisis del desarrollo capitalista: siglo XX y Revolución Verde.

El ascenso de Estados Unidos, la Unión Soviética y las naciones tardíamente industrializadas configuraran un nuevo panorama para el sector rural en el siglo XX. La Depresión de la economía norteamericana y la Guerra Fría definieron el marco de acción de las relaciones entre la ciudad y el campo. Desde la Nueva Economía Política NEP en la Unión Soviética hasta la adopción de la política del Nuevo Trato, que finalmente enfrentó la crisis del 30, se construyó una nueva conciencia de lo rural: Un Estado intervensionista y la construcción de un andamiaje internacional de asistencia y reconstrucción posterior a la Segunda Guerra Mundial.

La intervención del estado en la agricultura concebida desde la política del Nuevo Trato de Rooswelt se desarrolló en respuesta y reacción a la creencia del presidente Hoover de que “el remedio para la depresión económica no consistía en la intervención gubernamental, sino en la cooperación voluntaria de la industria y las comunidades locales y en lo que con anterioridad había denominado <>”[14]. Los principales puntos del Nuevo Trato se centraron en la recuperación del sector agrícola y el sector industrial. El primero con la Ley de ajuste Agrícola (1933) intentó elevar los precios agrícolas recortando la producción”[15]. Sin embargo más allá de la misma ley lo que se configura con el auge del estado de bienestar es la intervención del estado en las cuestiones agrícolas a través de subsidios a la producción.

El periodo de Guerra Fría instituirá un clima de competencia entre los dos sistemas enfrentados que llevará al diseño no solo de la política de contención en sus aspectos militares. El enfrentamiento que dividió el mundo en tres espacios sencillos: los tuyos, los míos y los que están por quistar, propició la creación de múltiples programas e instituciones de ayuda multilateral y bilateral. Ayuda orientada al desarrollo económico. Tal como los economistas del desarrollo lo observaron del círculo de la pobreza solo se salía con un big push o gran impulso. Ese impulso era menester del estado. El Estado que en la transformación anterior hacia el capitalismo resultó derrotado, en este nuevo periodo cobra importancia, pues el orden internacional y los antecedentes de la Depresión así se lo exigen.

El hambre y la pobreza están ligadas en el problema del desarrollo, y eso se relaciona con el problema de la productividad agraria. Desde ese presupuesto el desarrollo de la economía del desarrollo postula sus teorías. Economistas como Rostow, Nurkse o Hirshman, pensaron que todos los países atravesaban por una sucesión lineal de estadios en su transición a la modernidad (Rostow), adicionalmente que “predicaban que un país escaparía del “circulo vicioso de la pobreza” solamente a través de la aplicación concentrada de capital a un amplio rango de industrias” (Nurkse), y finalmente que era necesario una serie de “eslabonamientos hacia delante y hacia atrás para racionalizar el proceso de industrialización” (Hirshman)[16]. Finalmente, como afirma Arturo Escobar, “todas estas concepciones encontraron pronto un lugar en la voluminosa bibliografía producida por Naciones Unidas”[17]. Naciones Unidas a través de FAO aportará al desarrollo de la agricultura en la Revolución Verde.

También se vio reflejado el desarrollismo en lo que Consuelo Uribe Mallarino llama “El edificio Institucional del desarrollo”, que está conformado por las diferentes agencias de cooperación internacional de las Naciones Unidas –con sus diferentes énfasis- y las agencias de cooperación bilaterales de los países desarrollados (USAID Norteamericana, GTZ Alemana, DFID Británico, entre otras)[18]. Estos conceptos se replantearon en la década de los setenta dados los deterioros ambientales que causaron.

La intervención del Estado en la economía de la agricultura de los Estados Unidos resultó exitosa y produjo rebosantes excedentes. Pero el estado norteamericano no fue el único que intervino en su economía interna. En América Latina el Modelo Cepalino de industrialización por sustitución de importaciones promovió importantes esfuerzos de programas de extensión agrícola. La extensión agrícola estuvo marcada por un flujo de asistencia técnica que fue generado principalmente por las dos condiciones expuestas arriba. El resultado fue la llamada Revolución verde.

Una reconstrucción histórica de la Revolución Verde muestra cuatro protagonistas importantes[19]:

Gobiernos locales y nacionales del tercer mundo: Transferencia y difusión de tecnología a través de Ministerios de agricultura y alimentos.

Agencias multilaterales y bilaterales de ayuda: USAID, Fundación Ford, Fundación Rockefeller, Banco Mundial.

Instituciones internacionales de investigación en agricultura: IRRI Internacional Rice Institute. Asia Manila. CGIAR o Grupo Consultivo en investigaciones en Agricultura, el cual estuvo patrocinado por Ford, Rockefeller, FAO, PNUD, entre otros.

Campesinos del Tercer Mundo.

Una de las conclusiones principales de este periodo es que el sector público y el sector público no estatal sin ánimo de lucro participan a fondo en el proceso de desarrollo de la agricultura y la producción pecuaria. Y adicionalmente que “los centros internacionales de Investigación Agrícola pusieron de inmediata disposición de los países en vías de desarrollo (las) nuevas cepas y se produjo un magnífico ejemplo de investigación internacional y ciencia agrícola aplicada”[20]. Contrario al pretendido monopolio de semillas y variedades que en la actualidad desean las multinacionales de alimentos.

La Revolución Verde inició aproximadamente en 1954 y se refiere a los cambios en la tecnología de la agricultura experimentados en algunos países del Tercer Mundo. Como resultado de esos cambios se incrementó la producción de cereales básicos como el maíz y el arroz. La revolución verde involucró el uso de semillas altamente productivas y el manejo de un paquete de herramientas y prácticas como:

i. Uso de fertilizantes químicos.
ii. Tractores. Todo ello reemplazó la agricultura
iii. Pesticidas. tradicional basada en una agricultura
iv. Trilladoras mecánicas. de subsistencia, que usaba energía
v. Bombas eléctricas. animal y dependía de las lluvias
vi. Sistemas de riego. como sistema de irrigación.
vii. Producción para el mercado.

La mayoría de naciones del tercer Mundo
se vieron presionadas por el Banco Mundial
para introducir el nuevo paquete tecnológico.

Ello acentúo las relaciones de dependencia entre los países industrializados y los que se encontraban en vía de desarrollo. Así mismo generó el intercambio desigual en la economía internacional. En general la Revolución Verde significó el cambio de paradigma tecnológico que reemplazó la economía de subsistencia en el tercer mundo por una economía orientada a la producción para el mercado.

Con todo y Revolución Verde el problema global del hambre persista hasta nuestros días. La preocupación de Malthus esbozada desde 1798 en el Ensayo sobre la población continúa en la actualidad. Dicho ensayo centró el análisis de la producción agrícola en relación con el número de personas por alimentar. El asunto es “que el poder de la población es indefinidamente mayor que el poder de la tierra para producir subsistencia para el hombre”[21], es decir alimentos y en general proteínas para su bienestar. Y adicional a ello las diferencias en la producción son abismales entre continentes. Por un lado un campesino promedio de África produce 600 kilos por año, mientras que un granjero norteamericano 80.000 kilos por año.

Sí se mira la agricultura en relación al problema del hambre la solución parece estar en la genética. La emergencia de recientes desarrollos tecnológicos en la biología termina de configurar los espacios que lo rural construyó en la modernidad de la mano del capitalismo.

Lo rural en el desarrollo capitalista informacional: siglo XX y Revolución genética.

En la fase posfordista del capitalismo el conocimiento se convirtió en el factor más importante de producción. La agricultura en periodos anteriores como hemos señalado dependió en un principio del comercio internacional y la creación de los primeros capitales que originaron el capitalismo; posteriormente con la crisis del capitalismo salvaje la agricultura pasó a depender del impulso de organizaciones públicas estatales y no estatales sin ánimo de lucro, dando como resultado la llamada Revolución Verde. En la actualidad el impulso de la economía mundial, construida paralelamente al desarrollo de la agricultura, centra su desarrollo en todas las variables anteriores, con algunos cambios, sobre todo en el conocimiento.

La llamada nueva economía está caracterizada por la producción flexible y el libre movimiento de capitales a escala global y además por:

Capitalismo financiero.
Intensificación del libre comercio.
Emergencia de nuevos mercados.
Fortalecimiento de nuevos y viejos actores. FMI, Banco Mundial. Autoridades en el tercer mundo.
Sociedad en red que define la nueva geografía.

El reciente paradigma de organización de la producción en el capitalismo contrasta con el inmediatamente anterior, fundamentalmente en el descenso de la inversión pública y pública no estatal en los asuntos de la agricultura desde 1980 cuando los países del Tercer Mundo mejoraron sus sistemas productivos y el fin de la Guerra Fría cesó la transferencia de ayuda. Estados Unidos da un impulso a sus exportaciones cerealeras a raíz de la crisis de los anos setenta. “Como consecuencia la ayuda alimentaria provista anteriormente por el programa PL 480 fue sustituida por exportaciones de cereales”[22]. Las políticas neoliberales redujeron los organismos de extensión agrícola y sus competencias, removieron barreras arancelarias y se redujeron los subsidios agropecuarios en gran parte del Tercer Mundo.

Desde entonces reina la idea de que el mercado permite un mejor desarrollo tecnológico. John Block secretario de agricultura de Reagan afirmó en 1986 que el empuje por parte de algunos países en vías de desarrollo de ser más autosuficientes en materia alimentaria es reminiscente de épocas pasadas. Estos países podrían ahorrar más dinero importando más alimentos de Estados Unidos. Los Estados Unidos han utilizado al Banco Mundial para sostener esta política, han incluso obligado a países a desmantelar sus programas de apoyo agropecuario como condición necesaria para la obtención de préstamos, tal como fuera el caso del apoyo que daba el gobierno de Marruecos a sus agricultores”[23] Frente a ello el sector privado emerge en forma de Corporaciones Multinacionales como Monsanto y Syngenta, las cuales desempeñan un roll en la innovación y difusión de la biotecnología en la agricultura relacionada con la revolución genética[24].

Al igual que en los primeros momentos del capitalismo los cambios socioeconómicos y tecnológicos de la actualidad están condicionados por las lógicas y fuerzas globales sobre la propiedad privada, las fuerzas del mercado, las finanzas globales y una reducida regulación internacional. Esta lógica de participación del sector privado corporativo en la agricultura difunde una lógica de producción orientada a incrementar el valor de las acciones de las compañías trasnacionales y no apuntan a resolver el problema del hambre y la desnutrición en el mundo[25]. Así mismo las preferencias del consumidor urbano resultan más importantes que la situación socioeconómica del campesino, agudizando su crisis y extinguiéndolo como grupo social. Nada más la tendencia de los países desarrollados de poseer una escasa población ocupada en la agricultura[26]:

EE.UU. 3%;
Alemania 4.8%;
Reino Unido 2.1%;
Francia 6.7%;
Japón 8%.

El sector privado en forma de Corporaciones multinacionales incrementa sus inversiones en agricultura en épocas recientes al punto de que seis compañías de biotecnología gastaron más del 75% de las inversiones realizadas en el sector. El protagonismo de estas organizaciones se evidencia cuando sus presupuestos son enfrentados a los presupuestos públicos. Nada más en 1998 16 centros de internacionales de investigación sumaron juntos un presupuesto de 345 millones de dólares, mientras que una sola corporación registra un billón de dólares por año[27].

Esa desmedida inversión del sector público corporativo ha sido resultado de una política deliberada de auspicio a la empresa privada. El levantamiento de las barreras comerciales a los comodities desde 1995 favoreció dichas inversiones. Igualmente la liberación de la propiedad intelectual, avances en la biología molecular, los derechos de patentes y los acuerdos TRIPS de la organización mundial del comercio prestó mayor apoyo a los grandes inversionistas antes que a los pequeños productores[28]. El hito histórico que marca el inicio de esta tendencia fue dado en el caso Diamond/Chakravarty sobre la patente de una bacteria de aceite comestible. La Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos sentenció que “todo bajones sol hecho por el hombre es patentable”[29].

También debe tenerse en cuenta en esa trayectoria los desarrollos tecnológicos y científicos de la biología moderna. Desde Mendel en 1900, cuando se formulan las bases genéticas de la herencia, pasando por la identificación del ADN como portador de la información genética en 1938 y el diseño del modelo de estructura de helice en 1953 por James Watson. Finalmente Stanley Cohen y Herbert Boyer quienes en 1973 inician experimentos de recombinación del ADN. Estos últimos experimentos permitieron la formulación de técnicas para la combinación de información del ADN y su transferencia de un organismo a otro. Sin embargo su verdadera importancia se da sólo hasta 1980 con su importancia comercial[30].

La nueva ruralidad: la actualidad resultado del desarrollo de la agricultura en la era global capitalista.

Las tendencias generales de la globalización como la mundialización de la economía y su terciarización, la apertura de los mercados a la competencia internacional, el declive del Keynesianismo económico, la potenciación de agricultura biotecnológicas la sociedad el ocio y la preocupación por el medio ambiente son todas herencias económicas y políticas del desarrollo capitalista. Esas fuerzas abren nuevas formas de entender lo rural. Rocío Silva Pérez define la nueva ruralidad dentro de una multifuncionalidad de los espacios rurales. Es decir que la idea de rural = agricultura, dados los procesos de cambio estructural, es obsoleta. Afirma que en la actualidad existen dos modelos de agricultura: una comercial competitiva bien conectada con el comercio internacional y un modelo alternativo respetuoso del medio ambiente y especializado en productos de calidad.

En cuanto América Latina los impactos del proceso de globalización estarían generando una amplia exclusión social. La intensificación del capital sobre el agro redunda en:

Difusión creciente del trabajo asalariado
Precarización del empleo rural.
Multiocupación.
Expulsión de pequeños y medianos productores.
Continuas migraciones campo-ciudad.
Creciente orientación de la producción hacia mercados.
Articulación de productores agrarios a complejas agroindustrias trasnacionales.
Conformación del Pool de siembra (modalidad contractual en la producción agrícola).

Y por el otro lado:

Mayor concentración de la tierra, y consolidación de un nuevo latifundismo relacionado con el capital financiero.
Mayor concentración del capital en sectores del sistema agroalimentario.
Provisión de nuevos insumos y tecnologías agrícolas.
Integración vertical a complejos agroindustriales.

La multiocupación y multifuncionalidad son efectos predominantes en Europa antes que en el Tercer Mundo. En Europa lo que ha cambiado con dicha multifuncionalidad, generada por los procesos de globalización, son los usos del suelo de los espacios rurales. Rocío Pérez señala que aunque en la ruralidad siguen haciendo presencia la agricultura y la ganadería otros espacios se han ido configurando como espacios protegidos por su valor medioambiental, o por el incremento de áreas de invernadero o simplemente la urbanización[31].

En realidad la clasificación de Pérez para Europa define tres espacios: los emergentes, los acomodaticios y los rezagados. Entre ellos las diferencias se encuentran a partir de la evaluación de la disposición de recursos y su adecuación a lógicas dominantes y la capacidad de movilización de dichos recursos. América Latina encontraría algún nivel de identificación entre esos espacios haciendo un ajuste en las dimensiones y proporciones de cada uno de ellos.

BIBLIOGRAFIA

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[1] Jordi Borja, Manuel Castells. Local y Global: La gestion de las ciudades en la era de la información, Madrid, Taurus. UNCHS, 1997, p. 22.
[2] Jordi Borja, Manuel Castells. Local y Global: La gestion de las ciudades en la era de la información, p. 11.
[3] Inmaculada Caravaca. Los nuevos espacios emergentes. Universidad de Sevilla.
[4] Ricardo Mendez. Geografía económica : la lógica espacial del capitalismo global, Barcelona, Ariel, 1997.
[5] Barrington Moore. Los orígenes sociales de la dictadura y de la democracia : el señor y el campesino en la formación del mundo moderno, Barcelona, Península, 1973.
[6] Moore, Los orígenes sociales de la dictadura y la democracia, p. 18.
[7] Moore, Los orígenes sociales de la dictadura y la democracia, p. 25.
[8] Carlos Marx, El Capital, (sección 8), Valencia, Sempere y Cia, p.252.
[9] Karl Polanyí, La gran transformación : crítica del liberalismo económico, Madrid, La Piqueta, 1997, p. 107.
[10] Taylor, Peter J, Geografía política : economía mundo, estado-nación y localidad, Madrid, Trama, 1994.
[11] Carlos Marx. Prologo de la contribución a la crítica de la economía política, p. 348.
[12] Joseph Schumpeter, Capitalismo, socialismo y democracia, Aguilar, Madrid. 1971, p. 120.
[13] Eric Hobsbawm, La era del imperio 1875-1914, Barcelona, Labor Universitaria, 1990, p. 35.
[14] Maldwyn Jones. Historia de Estados Unidos: 1607-1992, Madrid, Ed. Cátedra, 1996, p. 419.
[15] Maldwyn Jones. Historia de Estados Unidos: 1607-1992, p. 423.
[16] Arturo Escobar, La invención del Tercer: construcción y deconstrucción del desarrollo, Barcelona, Buenos Aires, Norma, 1998, p.152.
[17] Escobar, La invención del Tercer Mundo: construcción y deconstrucción del desarrollo, p.152
[18] Consuelo Uribe Mallarino, “Desarrollo social y Bienestar”. Universitas Humanisticas. Año XXXI. (Julio-Dic. 2004). pp. 14-15.
[19] Govindan Parayil. Mapping technological trajectories of the Green Revolution and the Gene Revolution from modernization to globalization Information and Communications Management Programme, Faculty of Arts and Social Sciences,
AS3 #04-16, National University of Singapore, Singapore 117570, Singapore
[20] Paul Kennedy, Hacia le Siglo XXI, Barcelona, Ed. Plaza y Janes, 1993. p. 102.
[21] Citado por Paul Kennedy en Hacia el Siglo XXI, p. 17.
[22] Miguel Teubal, Globalización y nueva ruralidad en América Latina, p. 47.
[23] Teubal, Globalización y nueva ruralidad en América Latina.
[24] Govindan Parayil. Mapping technological trajectories of the Green Revolution and the Gene Revolution from modernization to globalization
[25] Govindan Parayil. Mapping technological trajectories of the Green Revolution and the Gene Revolution from modernization to globalization
[26] [26] Citado por Paul Kennedy en Hacia el Siglo XXI, p. 114.
[27] Govindan Parayil. Mapping technological trajectories of the Green Revolution and the Gene Revolution from modernization to globalization
[28] Govindan Parayil. Mapping technological trajectories of the Green Revolution and the Gene Revolution from modernization to globalization
[29] Govindan Parayil. Mapping technological trajectories of the Green Revolution and the Gene Revolution from modernization to globalization
[30] Govindan Parayil. Mapping technological trajectories of the Green Revolution and the Gene Revolution from modernization to globalization
[31] Rocío Silva Pérez. Estrategias de inserción de las áreas rurales en la economía mundial.

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